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Angélica Costa Arechavala: el cuerpo como territorio de transformación

  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Redacción y pesquisa: Equipo de redacción de Area Temporal Archivo: Convocatoria Mapeo Artístico 2026


En la práctica de Angélica Costa Arechavala el cuerpo nunca aparece como una forma estable. Es un territorio en transformación constante, una materia sensible donde convergen memoria, rito, afecto y desdoblamiento. Sus esculturas, pinturas, dibujos y acciones performáticas no operan como lenguajes separados, sino como variaciones de una misma investigación: la necesidad de comprender cómo la identidad se construye a partir de lo vulnerable, de aquello que se fractura, muta o permanece incompleto.


Las imágenes de su producción revelan una insistencia formal que atraviesa toda su obra: rostros de ojos cerrados, figuras suspendidas entre lo humano y lo arquetípico, superficies agrietadas, cuerpos que parecen emerger desde la tierra o regresar a ella. En las esculturas cerámicas, la artista modela cabezas alargadas y silenciosas cuya apariencia ancestral evita cualquier lectura meramente figurativa. No son retratos psicológicos; son presencias. La arcilla conserva la huella de la mano, el accidente y la fisura, convirtiendo cada pieza en un registro temporal, casi arqueológico, de estados emocionales y espirituales.


Coroa de cobra / Video performance. 2025
Coroa de cobra / Video performance. 2025

Esa dimensión ritual también aparece en sus fotoperformances, donde el cuerpo femenino se transforma en soporte escultórico y simbólico. La artista incorpora objetos sobre sí misma, tensionando la relación entre peso y resistencia, entre gesto íntimo y acción ceremonial. No se trata de representar personajes, sino de activar estados de tránsito. En estas acciones, el cuerpo deja de ser únicamente individual para convertirse en una superficie de memoria colectiva, un lugar donde convergen experiencias heredadas, silencios históricos y formas de supervivencia femenina.


Aguas turbulentas sobre solido / Acrílico sobre madera. 2025
Aguas turbulentas sobre solido / Acrílico sobre madera. 2025

Incluso en sus pinturas, aparentemente más abstractas, persiste la misma lógica de transformación. Las masas azules, los movimientos líquidos y las texturas inestables evocan paisajes internos más que representaciones naturales. El agua, presente de manera recurrente, funciona como metáfora de mutación y flujo: una materia imposible de fijar completamente, del mismo modo que ocurre con la identidad en toda su producción. La pintura, así, no abandona el cuerpo; lo expande hacia un campo atmosférico y emocional.


Serie retratos-  Mariana / Cerámica rakú. 2018
Serie retratos- Mariana / Cerámica rakú. 2018

La cerámica ocupa un lugar central dentro de esta investigación porque permite a la artista trabajar simultáneamente con fragilidad y permanencia. Las grietas visibles en algunas piezas no son corregidas ni ocultadas; son asumidas como parte constitutiva de la forma. En ellas aparece una comprensión del cuerpo como archivo vulnerable, atravesado por el tiempo y por las experiencias que lo modelan. La materia no busca perfección, sino resonancia.


La obra de Angélica Costa Arechavala se sitúa en un espacio donde lo pedagógico, lo ritual y lo artístico convergen. Su práctica relacional —alimentada por el encuentro con otros cuerpos y otras memorias— transforma cada medio en una extensión de una misma pregunta: cómo construir formas capaces de contener la experiencia sensible sin clausurarla. Entre la escultura, la performance y la imagen, su trabajo propone una poética de la transformación, donde cada figura parece existir en el instante preciso entre el surgimiento y la desaparición.


 
 
 

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