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Tatiana Castillo: ¿Quién tiene derecho a contar una historia? Cuerpo, territorio y resistencia

hace 2 días
5 min de lectura

Redacción y pesquisa: Equipo de redacción de Area Temporal Archivo: Convocatoria Mapeo Artístico 2026


Una práctica artística que indaga en las tensiones históricas y políticas del norte argentino para hacer visibles las presencias que los relatos dominantes han relegado a los márgenes.

En la obra de Tatiana Castillo, el territorio no constituye un escenario pasivo ni un simple referente geográfico: es un entramado de relaciones históricas, culturales y políticas que interviene en la construcción de la identidad. Nacida y criada en Jujuy, la artista desarrolla una práctica multidisciplinar arraigada en las complejidades del norte argentino, donde las fronteras, las memorias y las experiencias de los cuerpos permiten interrogar las formas en que se construyen los relatos colectivos y se distribuyen las posibilidades de representación.

Su investigación parte de una posición situada. Salta y Jujuy, territorios atravesados por relaciones fronterizas con Bolivia y Paraguay, conforman un campo de indagación en el que las identidades no pueden comprenderse al margen de sus condiciones históricas, geográficas y políticas. Desde allí, Castillo explora las experiencias de mujeres y personas racializadas cuyas historias han sido silenciadas, desplazadas o subordinadas por narrativas dominantes. Su trabajo no se limita a recuperar aquello que ha quedado fuera de los registros oficiales; propone examinar las estructuras que determinan qué experiencias merecen ser narradas, qué cuerpos adquieren visibilidad y qué formas de conocimiento permanecen relegadas.

Esta preocupación sitúa su práctica en un espacio de tensión entre autobiografía e investigación colectiva. Lo personal funciona como un punto de partida desde el cual aproximarse a problemáticas que exceden la experiencia individual. La identidad aparece, entonces, como una construcción atravesada por la memoria, el territorio y las relaciones de poder. En lugar de plantear una separación entre la experiencia íntima y los procesos sociales, Castillo explora sus interdependencias: aquello que sucede en el ámbito individual también está inscrito en estructuras históricas más amplias.

Negra de Mierda, 2024. Video performance | Duración 4:35
Negra de Mierda, 2024. Video performance | Duración 4:35

El cuerpo como instrumento de investigación

Uno de los aspectos centrales de su propuesta es el lugar que ocupa el cuerpo dentro del proceso artístico. En sus prácticas de performance y video, el cuerpo opera como instrumento de registro, medio expresivo y espacio de inscripción de experiencias. A través de él, la investigación abandona la distancia de una observación exclusivamente externa para convertirse en una práctica encarnada, en la que la presencia, la acción y la exposición física adquieren capacidad de producir sentido.

Esta dimensión corporal permite pensar la memoria más allá de su condición documental. Recordar no implica únicamente reconstruir acontecimientos pasados, sino también interrogar cómo estos persisten en el presente, cómo afectan la percepción de una misma y cómo intervienen en la relación con el entorno. El cuerpo se convierte así en un lugar de encuentro entre distintas temporalidades: conserva huellas, hace visibles tensiones y abre posibilidades para narrar aquello que no siempre encuentra representación en los discursos establecidos.

La investigación de Castillo se despliega mediante una metodología en la que la elección de los medios responde a las necesidades conceptuales de cada proyecto. La performance, el videoarte, la fotografía y la instalación no constituyen lenguajes independientes ni recursos intercambiables, sino posibilidades específicas para materializar una pregunta. Esta relación entre pensamiento y materialidad revela una práctica que entiende la producción artística como un proceso de exploración: la forma no ilustra una idea previamente resuelta, sino que participa en su construcción.

En este sentido, la dimensión audiovisual permite registrar y transformar acciones; la fotografía introduce otras relaciones entre presencia, imagen y ausencia; mientras que la instalación posibilita organizar espacialmente la experiencia del espectador. La convergencia de estos lenguajes amplía el campo de la obra y cuestiona los límites entre documento, gesto performativo y experiencia espacial.


Sinn Jornal, 2024. Video performance | Duración 7:42
Sinn Jornal, 2024. Video performance | Duración 7:42

La memoria como presencia política


En el horizonte conceptual de Castillo, la memoria adquiere una dimensión política porque interviene en las disputas por la visibilidad y la legitimidad de las experiencias. Las historias marginadas no aparecen únicamente como objetos de representación, sino como presencias capaces de cuestionar los marcos desde los cuales se interpreta la realidad. Hacerlas visibles supone, por tanto, algo más que incorporarlas a un relato existente: implica examinar las condiciones que produjeron su exclusión.

Esta perspectiva evita reducir su trabajo a una operación nostálgica o a una reconstrucción del pasado. La memoria se activa como una fuerza que interpela el presente, revela continuidades históricas y permite imaginar otras formas de relación con la identidad y el territorio. En este proceso, la práctica artística adquiere una dimensión crítica: no pretende ofrecer una versión definitiva de las experiencias que aborda, sino abrir un espacio en el que sus complejidades puedan manifestarse sin quedar subordinadas a una interpretación única.

La resistencia que emerge de su obra se articula, precisamente, en esa posibilidad de sostener lo que ha sido desplazado de los discursos dominantes. No se trata solamente de denunciar la invisibilización, sino de explorar las condiciones estéticas y materiales mediante las cuales una presencia puede persistir, afirmarse y producir otras formas de conocimiento.


trabajar la Tierra| Series: Dibujos en la tierra, 2024
Trabajar la Tierra| Series: Dibujos en la tierra, 2024

Una práctica entre la experiencia y el pensamiento


La trayectoria de Castillo evidencia una búsqueda sostenida de herramientas para profundizar en estas cuestiones. Su formación en Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Tucumán, sus estudios actuales en la Maestría en Estudios en Culturas y Artes Contemporáneas de la Universidad Nacional de Salta y su participación en instancias de formación como el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella (2022–2023), con la beca Brun Cattaneo, configuran un recorrido en el que la producción artística dialoga con la reflexión crítica.

Su participación en exposiciones como BOOM (Museo de Arte Contemporáneo de Salta, 2023), Una historia (Museo de Antropología de Salta, 2023) y Polvareda (Museo de Bellas Artes de Salta y MUBA René Brusau, 2024–2025), así como en el Salón Nacional de Artes Visuales, permite situar su trabajo dentro de distintos espacios de circulación y discusión del arte argentino. Su participación en Convergencia, encuentro regional de performance del NOA en 2024, y el reconocimiento recibido en el Festival Internacional CINE+PERFO dan cuenta, además, de su exploración de lenguajes que vinculan corporalidad, imagen y acción.


Sin embargo, el interés de su práctica no reside únicamente en la diversidad de medios que utiliza o en los espacios donde ha sido presentada. Se encuentra, sobre todo, en la manera en que articula experiencia, investigación y forma para interrogar las relaciones entre identidad, historia y poder. Su obra plantea que el territorio no solo se habita: también se recuerda, se interpreta y se disputa; que el cuerpo no es únicamente una presencia física, sino un lugar desde el cual producir conocimiento; y que la memoria puede constituir una forma activa de intervención en el presente.

En la práctica de Tatiana Castillo, crear significa abrir un espacio para aquello que persiste fuera de los relatos hegemónicos. Sus obras no clausuran las preguntas sobre quién tiene derecho a narrar una historia ni sobre las condiciones que hacen posible su reconocimiento. Por el contrario, las mantienen abiertas, situando al espectador frente a las tensiones que atraviesan la representación, la pertenencia y la visibilidad. Allí reside la potencia de su propuesta: en convertir la experiencia situada en una herramienta crítica desde la cual reconsiderar no solo las historias que contamos, sino también las estructuras que determinan cuáles de ellas llegan a ser escuchadas.

 
 
 

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